Luis Buñuel murió el 29 de julio de 1983, hace justo 35 años, y para indagar más en la mente de una figura fascinante la Biblioteca Nacional invita al público a visitar el “tesoro” que guarda y que recorre su obra. Películas, cartas, libros, guiones o ensayos sobre el cine de Buñuel (Calanda, Teruel, 1900) forman parte de los fondos de la Biblioteca, destino obligado para todo aquel que quiera adentrarse en la labor del primer director español en ganar un Oscar…

Entre ellas destaca la obra autobiográfica Mi último suspiro, en la que describe cómo entró al mundo del cine gracias a la afición que le persiguió desde su infancia, el teatro, y cómo puso en imágenes las experiencias vitales que le marcaron desde su infancia en Zaragoza.

Con apenas 17 años, Buñuel viajó a Madrid para continuar sus estudios y vivir, durante siete años, en la Residencia de Estudiantes, donde descubre el infinito mundo de las vanguardias.

Allí se introdujo especialmente en el ultraísmo, movimiento caracterizado por su oposición al modernismo y a la Generación del 98, conviviendo con intelectuales y artistas como Rafael Alberti, Federico García Lorca o Salvador Dalí.

Durante esa etapa, publicó algunos poemas en revistas poéticas como Horizonte Vltra, que se encuentran disponibles en la hemeroteca digital de la BNE, conocidas como vehículos de manifestación de las vanguardias literarias españolas.

Más tarde, en 1925, se trasladó a París como secretario de Eugenio D’Ors, donde tomó la decisión vital de convertirse en cineasta tras asistir a ver Las tres luces, de Fritz Lang, disponible, también, en la sala Barbieri de la Biblioteca.

Será poco después cuando cree una de las piezas más significativas del cine surrealista, considerada por muchos su obra maestra, El perro andaluz, que contó con la colaboración de Salvador Dalí y cuyo guión y cinta, publicados en 1947, también se encuentran en la institución.

 

No obstante, a Buñuel le gustaba recorrer diferentes tipos de discursos en su producción, como se refleja en el documental Las Hurdes, Tierra sin pan, presentando un punto de vista comprometido con la realidad social.

Tras la Guerra Civil, se exilió, leal con la República, a EEUU y acabó finalmente en México donde empezaría una etapa en la que dirigió 20 de sus 32 películas.

En su etapa mexicana se puede observar el contraste del Buñuel más comercial, con su obra El gran calavera, con el Buñuel más personal, como Los olvidados, con la que obtuvo el premio de cine de Cannes en 1951 y que fue incluida en el proyecto Memoria del mundo de la Unesco.

Buñuel vivió el resto de su vida en México, interesado enormemente por el boom artístico iberoamericano, por autores como Julio Cortázar, Octavio Paz, o Gabriel García Márquez, y sólo volvería a España en 1961 para dirigir el filme Viridiana, ganador de la Palma de Oro en Cannes.

Finalmente, en 1973, se convertiría en el primer director español en ganar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa gracias a El discreto encanto de la burguesía, uno de cuyos carteles promocionales está presente en la Biblioteca.

NOTICIA ORIGINAL EN LA WEB DE EL MUNDO

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