La zaragozana Ana Santos recibió el pasado 20 de enero en la sala Goya del Museo de Zaragoza el “Premio a la Trayectoria Profesional en el sector del libro de Aragón” de manos de la consejera de Cultura del Gobierno de Aragón, Mayte Pérez.La directora de la Biblioteca Nacional de España, Ana Santos, ayer, a la izquierda, junto a la consejera Pérez. - EFE / JAVIER CEBOLLADA

—¿Cómo se siente?

 —Para mí es un honor que no sé si merezco y es especialmente emocionante porque han elegido a una bibliotecaria. En la cadena del libro hay muchas profesiones que son capaces de manera armónica de constituir la transmisión del conocimiento a través de un soporte como es un libro y han elegido a una bibliotecaria, que es el final de la cadena, como lo es un librero. Son las personas que hacen llegar ese conocimiento a otras personas de manera democrática y esas ideas son las que hacen mejores las sociedades. Este premio está dedicado a todos los bibliotecarios, especialmente a los de Aragón y a los de sitios pequeños que con muchos esfuerzos personales sacan día el trabajo adelante. No sé qué he hecho yo para merecer este premio.

—Precisamente fue la Asociación de Librerías la que presentó su candidatura…

—Eso me produce más orgullo porque la asociación de librerías está muy comprometida con el mundo del libro, son los grandes luchadores en este momento de una industria editorial que ha sufrido mucho y las librerías especialmente. A pesar de eso han sido baluartes, a base de esfuerzo personal, del mundo del libro.

—En un tiempo tan fugaz como el que vivimos, es fundamental que exista la Biblioteca Nacional de España para guardar el conocimiento.

—Desde luego, es fundamental que el conocimiento permanezca porque si no permanece no trasciende. Si no somos capaces de aprender de las generaciones pasadas no somos capaces de generar aquello que nos enseñaron. Si eso no queda, no lo conocemos, y la misión que la Bibilioteca Nacional tiene es precisamente esa, conservar todo el conocimiento que se ha creado en España desde hace más de 300 años. Pero ahora mismo en un entorno en el que la volatilidad de los contenidos en internet es tan grande y en el que una parte muy importante de este conocimiento se crea de manera exclusiva en internet, estamos conservando también la web española. Tenemos un desarrollo de la ley de depósito legal para poder preservar los contenidos de internet y ya tenemos más de 150 terabytes de información desde hace años conservada. Porque pensamos que esto pueden ser las fuentes para estudiar la historia de España.

—Lleva casi cuatro años en el cargo con una obsesión: abrir la Biblioteca Nacional a todos los públicos. ¿Habíamos olvidado que tiene que ser la casa de todos?

—Sí… incluso me pasaba a mí cuando hacía mi tesis doctoral allí, que solo entrar me producía mucho respeto, demasiado. Evidentemente, tenemos una medidas de seguridad para preservar la integridad del valor del patrimonio que conservamos pero pensamos que la biblioteca es lo suficientemente valiosa para que toda la sociedad española pueda disfrutar de ella. No hace falta ser un investigador especializado para poder conocer qué es lo que la biblioteca conserva y nos da mucha satisfacción ver cómo vienen los grupos de visitantes, los niños y los colegios, cómo llegan las familias y aprenden.

—¿Qué ha tenido que ver su condición aragonesa en llegar al puesto?

—No lo sé… El tópico que tenemos los aragoneses es la constancia. Yo lo soy, persigo las ideas. Cuando creo en algo no cejo en el empeño. Al menos esta es la fama que me han puesto, no sé si esto ha tenido algo que ver. Yo siempre me he sentido muy vinculada a Zaragoza, a Aragón, no solo porque nací y crecí aquí hasta los 22 años, sino porque siguen mi familia, mis amigos… Mi marido es de Beceite donde tenemos una casa maravillosa y, para mí, Aragón es mi tierra.

—No es la primera mujer que llega al cargo de directora de la Biblioteca Nacional pero, ¿es hora ya de que se normalice el acceso de la mujer a puestos así?

—Desde luego, es muy importante que se normalice el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad. Tenemos la misma capacidad de gestión que los hombres y muchas veces nos cuesta llegar más. Una de las cosas buenas que tiene la ley de la biblioteca es que la elección de la dirección es un procedimiento abierto. No hay una elección a dedo, se abre un procedimiento y un comité de expertos profesionales ajenos selecciona la candidatura. Esto es importante porque garantiza la idoneidad y la capacitación de alguien que debe dirigir una institución así, que es de todos.

—¿Una de las cosas que ha dejado la crisis es la certeza de que las bibliotecas son más necesarias que nunca?

—Las bibliotecas cumplen en estos momentos en la sociedad una misión que excede al acceso al conocimiento y a la lectura. Hacen una labor fundamental de integración y cohesión social, de romper la brecha digital, disminuirla dentro de los colectivos menos favorecidos, en barrios de grandes edades y en zonas rurales. Es una apuesta que políticamente es muy importante hacer.

—¿Y se está haciendo?

—¿Qué ocurre? Que las bibliotecas están transferidas a las distintas comunidades autónomas por lo que el desarrollo de los sistemas bibliotecarios de las diferentes comunidades depende del interés político que haya tenido cada una de ellas. En el reciente informe sobre la lectura española se ve la diferencia. Hay comunidades que tienen un crecimiento enorme en bibliotecas como Cataluña y otras que no han apostado por ello. Creo que hay algunas cuestiones que son fundamentales para todo el Estado español aunque sean competencias transferidas. Una por ejemplo es la lectura y dentro de la lectura son fundamentales las bibliotecas, que son lugares democráticos y de acceso libre. En este momento se está trabajando en un plan de lectura a nivel nacional con consenso y acuerdo de todas las comunidades para intentar que se pueda llegar a unos mínimos y a unos estándares.

—La Biblioteca Nacional ha sufrido unos recortes muy duros pero su apuesta ha sido desexternalizar servicios.

—Creo en el empleado público y también en que tiene que comprometerse con el servicio público. Una institución que conserva el conocimiento, lo que es inherente a ella, que es la catalogación de los libros, la atención al público… debe estar en manos de funcionarios. Y eso es lo que hemos hecho.

 

Imagen e Información e imagen extraída del Periódico de Aragón

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