Leer y disfrutar pueden ir de la mano

 

 

www.auxiliardebiblioteca.com 26/1/2010

Los libros tienen clubes. Y cada vez hay más. En ellos se lee, se comenta, se enjuicia obra y autor o se aprende a disfrutarlos. En Castilla y León están surgiendo con fuerza en los últimos cinco años, alentados desde bibliotecas y colectivos culturales que reúnen a un amplio arquetipo de lectores: Entusiastas que quieren contagiar su afición, aspirantes a ávido lector deseosos de perder el miedo al libro, aprendices en degustación de otros géneros literarios, buscadores de obras recomendadas y auscultadores de vidas ajenas en forma de títulos y autores que no defrauden.
Los clubes están cobrando auge como foros de comentario y análisis crítico, donde la literatura pierde su condición exclusiva de acto solitario para devenir en acto solidario y compartido. Así lo certifican en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, con una de sus sedes en Salamanca, dedicada a promover la lectura entre la población. «Los clubes ofrecen la oportunidad de desmitificar y de hacer más cercana la literatura», opina Lorenzo Soto, coordinador de uno de los foros de lectura juvenil de esta asociación, que desde hace años viene promoviendo la creación de agrupaciones de aficionados a leer.
En Valladolid capital, las 17 bibliotecas municipales cuentan con 89.599 socios y el pasado año registraron 808.463 visitantes, contabilizándose un total de 490.617 préstamos de libros y material audiovisual. El responsable de este servicio, Miguel Ángel de la Bastida, coordina un grupo de cuarenta personas que trabajan para fomentar el gusto por la lectura en bibliotecas y puntos de préstamo repartidos por la ciudad. No olvida lo mucho que ha cambiado el enfoque desde que abrieron las primeras bibliotecas municipales en los barrios de Pajarillos y Delicias en 1984.
El centro Blas Pajarero, en el barrio de las Delicias (14.678 socios), dispone de uno de los clubes de lectura más veteranos. Empezaron a reunirse una vez al mes en octubre del 2004 y congrega a 16 miembros que una vez al mes se citan para comentar la misma obra que acordaron leer cuatro semanas antes. «Crear una inquietud por la lectura». Es la idea que rige la fundación del club desde su creación, cuenta Lourdes López del Amo, bibliotecaria, 26 años entre los libros del centro de las Delicias.
Alberto Duque y Raquel García, de 58 y 61 años, prejubilado de Renfe y ama de casa, siguen acudiendo mensualmente a este foro de lectura desde que echó a andar. «Éramos lectores habituales, y nos apuntamos por el placer de compartir lecturas. Pero sobre todo, me ha servido para descubrir autores a los que tenía fobia y luego he visto que no eran tan malos y al revés, cuando leo a alguno que me defrauda, lo expongo al grupo», apunta.
A su esposa, Raquel García, acudir al club le sirvió para descubrir autores para ella desconocidos, como Paul Auster, «toda una revelación, leí un libro suyo y luego la emprendí con toda su obra. Y también han caído en mis manos libros de otros autores que no volveré a leer nunca jamás».

Lista de espera en Zamora

 

El barómetro de lectura de la Federación de Gremios de Editores refleja que la tasa de lectores en España durante el pasado año se situó en el 54,8% de la población mayor de 14 años, y de ellos, el 42,1% se declara lector frecuente, es decir, afirma leer libros diaria o semanalmente. Esto, en un país donde la población que admite no leer nunca es el 45.5%.
En el contexto de los foros de lectura Zamora se registra un caso llamativo: Hay lista de espera para acceder a uno de los clubes de lectura más veteranos de la ciudad. Congrega a 23 personas de entre 26 y 80 años y el que quiere entrar lo tiene dificil porque no hay bajas. Rufi Velázquez, coordinadora de las bibliotecas municipales de la ciudad, lo tiene claro: «Mucha gente no lee porque no está informada». Su experiencia le dicta que cuando propone lecturas la gente teme que le va a aburrir el ensayo. «Es el miedo a lo desconocido -apunta-. Conozco gente que no había quien la sacara de la novela y se ha metido en una vorágine devoradora de lecturas muy diversas. Crear inquietud y transmitir información son las claves».
En este club se reúnen para poner experiencias en común cada semana durante una hora y media que siempre se queda corta. El ensayo de 'Cómo hablar de los libros que no se han leído', de Pierre Bayard, será la proxima parada de este grupo con un variopinto perfil de ávidos lectores.
Pero ¿logran los clubes captar usuarios que no están familiarizados con la lectura? Lourdes de la Rosa, de la biblioteca municipal de Parque Alameda, que tres meses después de su inauguración ya cuenta con 972 socios y con un club de lectura que da cabida a 16 personas, opina que «es a través de los clubes como mucha gente se lanza a leer y se anima a conocer lo que escriben otros autores».
En la misma línea se postula Luis González Palacios, de la Biblioteca de Castilla y Léon en Valladolid -(541.046 libros, revistas y material audiovisual prestados en el 2008 y 78.677 usuarios)-, reseñando que con este tipo de iniciativas se logra enganchar a mucha gente joven para que no pierda el hábito lector. «Además -matiza- se amplía el abanico de lecturas y géneros. Por ejemplo, en el caso de la poesía, hay gente que la lee o se plantea iniciarse en ella porque tienen la sensación de que se pierden algo. Por eso buscan a alguien que les oriente sobre lo que se publica».
El nacimiento de nuevos clubes de lectura y los años de andadura y experiencia con que cuentan buena parte de los existentes están dando lugar a una mayor especialización, de modo que están surgiendo grupos que se reúnen movidos por registros temáticos específicos de cómic, poesía, novela negra, histórica o literatura infantil y juvenil, huyendo en la mayoría de los casos de la lista de libros más vendidos.
«En nuestro caso apostamos por obras de calidad, que no tienen un reclamo de préstamo excesivo», cuenta Luis González Palacios, entre cuyas propuestas figuran 'El perseguidor', de Julio Cortázar; 'Estupor y temblores', de Amelie Nothomb o 'El último encuentro', de Sandor Marai. Dentro de esta especialización destaca el taller de lectura en voz alta organizado por la Biblioteca de Castillay León,una iniciativa que reúne a socios que se entrenan para leer a otras personas con el fin de realizar actividades en las bibliotecas. «Hemos empezado un club de lectura fácil para gente con algún tipo de dificultad», afirma.
Los clubes se han convertido en una fórmula para captar adeptos a la lectura y para hacer más vivas las bibliotecas, reinventándose cada año. «Aportan enriquecimiento personal, hacen que la gente se lance a hablar en público mostrando su opinión sobre lo que ha leído y crean hábito, pero lo más importante es que contribuyen a que mucha gente pierda el miedo al libro», defiende Lourdes Pérez del Amo, de la biblioteca Blas Pajarero.
Más allá de juntar a aficionados a la lectura, los clubes están en continua búsqueda de tácticas, ideando propuestas que enriquezcan sus reuniones, organizando charlas con escritores que comentan su obra, analizando obras que han sido llevadas al cine, utilizando Internet para crear blogs y chats temáticos .... Cualquier fórmula tiene acogida con vistas a que la rutina no arruine el placer de pasar páginas y páginas saboreando historias y reflexiones ajenas.