Ilustración: Alejandro Agdamus¿Qué función social cumplen las bibliotecas en la era digital? ¿Sigue teniendo sentido acopiar miles y miles de libros impresos en innumerables estantes para cederlos en préstamo temporal al público? ¿Cómo se replantean los modelos de las grandes bibliotecas del mundo en el siglo XXI? Preguntas como éstas impulsan a Hannelore Vogt, directora de la Biblioteca Municipal de Colonia (Alemania), a dictar charlas en distintas ciudades sobre los desafíos que deben enfrentar las bibliotecas públicas en el contexto actual.

A cargo desde 2008 de la dirección de la Biblioteca Municipal de Colonia, que en 2015 fue distinguida la mejor del año en Alemania, Vogt participó hace unos meses en una discusión mediática en su país sobre el concepto “biblioteca”. El debate partía de una cuestión semántica: si habría que recurrir a otra palabra para denominar a las bibliotecas hoy, con el abanico de ofertas que ofrecen; por ejemplo, centro cultural o casa de cultura. “En muchos países se da esta discusión acerca del nombre, ya que las bibliotecas ofrecen servicios que van más allá del préstamo de libros. Es muy difícil encontrar una palabra que pueda incluir todas las actividades y biblioteca es una especie de marca registrada que la gente reconoce, que transmite la confianza de que se hacen las cosas bien y con calidad. Pero, por otro lado, conlleva dificultades porque sigue estando presente esa imagen un poco anticuada de la biblioteca. Hay muy pocos conceptos o términos que parezcan apropiados. En Londres, por ejemplo, hablan de Idea’s Store (tienda de ideas). En Dinamarca inauguraron hace poco una biblioteca muy grande que llamaron Doc 1, que en realidad tiene que ver con el espacio donde fue levantada (un dock frente al mar) y también juega con la palabra documento”, dice. Más allá de la denominación, para Vogt, “la biblioteca sigue siendo ese espacio donde uno simplemente puede ir a leer, a estudiar, sin consumir algo en particular ni participar de una actividad. Algo muy importante es que tiene una misión educativa y no sólo cultural. Por eso si uno sólo la piensa en términos de centro cultural sería un enfoque demasiado acotado”.

Hannelore Vogt. Foto: gentileza Stadtbibliothek Köln / Biblioteca Municipal de Colonia
Hannelore Vogt. Foto: gentileza Stadtbibliothek Köln / Biblioteca Municipal de Colonia.

La biblioteca de Colonia es municipal y tiene una sede central ubicada en el centro de la ciudad, once pequeñas filiales en diversos barrios y un bibliomóvil que recorre escuelas y jardines de infantes. A las sedes barriales suelen concurrir chicos y estudiantes y a la central, gente entre 20 y 30 años, especialmente. En una ciudad con alrededor de un millón de habitantes, la institución cuenta con un staff de 200 personas para ocupar 160 puestos entre empleados estables y part time. “Tenemos personal variado: alrededor de la mitad son bibliotecarios. También hay personas que hacen una capacitación en la biblioteca y, aunque no tengan el título universitario, esa capacitación los califica para trabajar. Además hay voluntarios que dictan cursos; por ejemplo, de idioma para extranjeros. Ellos ayudan en programas especiales para los refugiados”. Entre esos programas se incluyen clases de alemán y de lectura para exiliados de países árabes.

Con un acervo compuesto por aproximadamente 750.000 piezas entre libros, revistas y materiales musicales, además de un archivo musical con más de 30.000 partituras, la biblioteca de Colonia recibe aportes privados que refuerzan los ingresos oficiales. “Tenemos un presupuesto básico, que sirve para pagar sueldos y comprar ciertos recursos. Para los proyectos especiales tenemos que buscar apoyo externo, que puede venir de programas estatales, no necesariamente del ámbito bibliotecario. También buscamos del área de educación o fondos que provengan de la región o de la Unión Europea. Y apelamos a que las empresas nos apoyen en algún proyecto, que siempre tienen que tener un interés cultural. Las empresas no sólo nos aportan dinero sino que también nos donan o prestan dispositivos tecnológicos y nuevos equipos para que se pongan a prueba en la biblioteca. Un ejemplo práctico es un espacio que tenemos que se llama Bar de Vinilos, con un tocadiscos, para digitalizar discos de vinilo y grabarlos en un cd o memoria portátil. Ese aparato fue donado por una empresa”.

A diferencia de otras bibliotecas importantes que alimentan sus catálogos con títulos valiosos desde el punto de vista histórico, la de Colonia apunta a libros contemporáneos. Explica la directora: “En general, compramos material porque lo que queremos es tener un acervo actual y que responda a los intereses y a la demanda del público. Si sólo dependiéramos de las donaciones, sería incompleto y azaroso. Analizamos muy específicamente qué es lo que interesa a nuestros usuarios. Como los pedidos se hacen a través de un sistema de computación, podemos ver claramente qué es lo que la gente pide y busca, según la edad, el género, el lugar de procedencia, el nivel educativo, entre otras variables. En función de eso orientamos nuestras compras. De esa manera garantizamos que lo que el público busque esté luego en los estantes. Tenemos mucho material que no es literarios sino textos de no ficción y de estudio; libros técnicos que consultan profesionales y estudiantes. Es importante que las colecciones estén actualizadas porque es material de consulta”.

Además de las once filiales, esta biblioteca alemana tiene una pequeña sede en un parque que atiende un grupo de voluntarios. “Es un proyecto especial, que sigue el modelo de las donaciones: en general, recibe libros y los presta para que los usuarios los lean en el parque. También tenemos una máquina expendedora de libros de género policial, que está ubicada en una estación de subte”, cuenta la especialista.

De diarios a libros para bebés

El funcionamiento de un día típico de la biblioteca de Colonia refleja no sólo la variedad de servicios que ofrece a los usuarios sino también la diversidad del público. “La sede central abre sus puertas a la mañana temprano, pero cuando llegamos ya hay muchas personas esperando para entrar. Cuando abrimos, lo primero que ellos hacen es buscar el diario del día para leer. Por la mañana llegan mucho grupos, algunos con visita programada, y son muy variados: desde alumnos de jardín de infantes a refugiados de otros países. Hacemos visitas guiadas, pero también hacen uso de las instalaciones y los servicios por cuenta propia. Por la tarde, vienen muchos alumnos de colegio a trabajar en grupos. Ahí todo se vuelve más ruidoso y hay usuarios que se quejan porque quieren estar tranquilos. Por eso fue que organizamos diferentes sectores, para que en algunos se pueda hablar y otros para la lectura en silencio. La experiencia que estamos viendo es que así la gente permanece más tiempo. Muchos no van en busca de libros sino que quieren trabajar en nuestro espacio. Hay una expresión en inglés que es muy apropiada para explicar esa costumbre: alone together. Por un lado, quieren trabajar solos pero, al mismo tiempo, quieren tener gente alrededor. A la noche suele haber algún evento cultural como conciertos, espectáculos musicales y de teatro”

Ilustración: Alejandro Agdamus

Así como la Biblioteca Nacional Mariano Moreno abre sus puertas para la Noche de los Museos porteños, la de Colonia participa en la Noche de los Teatros con alguna obra, en general, vinculada con títulos literarios. “Es decir que, como centro cultural, la biblioteca también tiene un rol importante, pero siempre nos fijamos que el foco esté puesto en la cultura y en la discusión social. También ofrecemos a diferentes grupos la biblioteca como foro, como lugar donde pueden realizarse reuniones y encuentros dirigidos a los ciudadanos. Los viernes y sábados hay talleres: enseñamos desde cómo se hace un e-book a cómo leer en voz alta para otros”.

Cuando se le pregunta cuál es el objetivo principal de la institución que dirige, Vogt no duda: “El gran objetivo es que funcione como un espacio de aprendizaje. También, un espacio para la inspiración, donde uno aprende algo que en realidad no está buscando específicamente. Y un tercer rol tiene que ver con la participación, con el propio quehacer, que sea un espacio donde el saber sea transmitido de los ciudadanos a los ciudadanos. En ese marco, tenemos el programa de los expertos junior, jóvenes que van a dar cursos a adultos en la biblioteca. Que sea un punto de encuentro donde se vinculan las diferentes generaciones. Es mucho más que un lugar donde solo se prestan libros. Pero eso depende del perfil de cada institución”.

En sus conferencias y escritos teóricos, Vogt asegura que le parece más importante el trabajo social, los servicios hacia los usuarios de la biblioteca, que el catálogo en sí mismo. En ese sentido, explica: “Nosotros, como biblioteca, ponemos a disposición el lugar y los recursos tecnológicos, vinculamos a la gente, las ponemos en red, y son los ciudadanos los que transmiten el conocimiento. Ponemos en relación esa tarea con libros, con bancos de datos, otros materiales de estudio. El foco está puesto en desarrollar el quehacer crítico de los usuarios. Pero, por supuesto, la promoción de la lectura sigue siendo un punto muy importante. Tenemos para ofrecer desde libros para bebés, para chicos de nivel inicial y de escuela. Como actualmente a los chicos les interesan mucho los dispositivos tecnológicos, tratamos de ofrecer lecturas que estén vinculadas con lo digital. Un ejemplo es el digital story telling: les leemos a los jóvenes alguna historia de JK Rowling, entre otros autores, y ellos a partir de esa lectura desarrollan su propia historia, confeccionan un video para YouTube y lo suben a la red. Así, el relato funciona como el punto de partida de un trabajo más amplio y atractivo para su edad. De esa manera, ellos crean un material nuevo, lo comparten, lo difunden.”

Modelo de gestión

La de este año no fue la primera visita de Vogt al país. Ya había estado en dos oportunidades anteriores, cuando recorrió la Biblioteca Nacional y algunas municipales. Esta vez, además de dar una charla en el Instituto Goethe, conoció bibliotecas populares del conurbano bonaerense (barrios carenciados de San Fernando y Tigre, entre otros) de la mano de los integrantes de la Conabip. Interiorizada sobre ciertos aspectos de la gestión del director anterior, Horacio González, y también de la actual de Alberto Manguel, la bibliotecaria alemana cree que el puesto de director debería estar ocupado por “un buen comunicador porque es un cargo para un manager, para alguien que gestiona”. Y fundamenta: “Si uno es director de una biblioteca grande, por un lado tiene que trabajar hacia adentro con sus colaboradores, conducir los cambios (por ejemplo, lo que se está dando en el mundo digital); por otro lado, hacia afuera: haciendo lobby para conseguir los recursos necesarios, hablar con los medios de prensa. Las características clave serían que sepa organizar, gestionar y comunicar. No creo que un director de biblioteca tenga que escribir libros o estar vinculado a la literatura sino más bien con el gerenciamiento. No tiene que ser necesariamente un bibliotecario pero sería ideal que tuviera esos conocimientos propios de la especialidad”.

Ante la pregunta sobre si los cargos directivos en las bibliotecas públicas de Alemania cambian cuando cambian los gobiernos, Vogt se sorprende: “¡No! Son puestos técnicos, especializados; en algunos casos, pueden tener una formación similar, del área, pero los cambios no tienen nada que ver con los cambios de gobierno”. Vuelve a sorprenderse cuando se le comenta del polémico caso de Carta Abierta, con la Biblioteca Nacional como centro de reuniones políticas. “La regla en Alemania es que como biblioteca, en términos políticos, la institución es neutral. No importa cuál sea el gobierno de turno: de ninguna manera se ofrece como foro a un determinado partido o agrupación. Sí, por supuesto, es un espacio de discusión y de intercambio y también se tocan temas sociales, como el de los refugiados o la escasez de vivienda. Pero, en ese caso, se invita a diferentes especialistas o referentes, con diferentes perspectivas, con un moderador como para que los asistentes se pueden hacer su propia idea del asunto”.

La cuestión de los refugiados, en cambio, es un tema candente, del que se discute en los ámbitos intelectuales europeos. En Alemania, las bibliotecas ofrecen programas culturales gratuitos para migrantes. En Colonia, uno de los programas para refugiados está basado en la lectura de padres a chicos. “Los refugiados de países árabes, por ejemplo Turquía o Siria, no tienen una tradición fuerte de lectura en voz alta para los chicos. Y se sabe hoy que el ejemplo de los padres es crucial para generar el hábito de la lectura en los chicos. Por eso pensamos en este programa de lectura en voz alta, de adulto a chicos. Creemos que el vínculo personal entre el lector y el aprendiz de lector es fundamental para darle una connotación positiva a la lectura”.

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