Extractos de “El nombre de la rosa” que hablan sobre las bibliotecas y los  bibliotecarios | Universo Abierto

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“De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños” (Poema de los Dones. Jorge Luis Borges)

Como hemos señalado con anterioridad, la literatura es ficción, mimesis, verosimilitud. A lo largo de las páginas de este temario, hemos hecho un recorrido por las bibliotecas y sus   repercusiones en la sociedad (y por supuesto, en la literatura)…

Se ha comprobado la importancia de la institución bibliotecaria en una sociedad, que, desde tiempos remotos, ha contribuido a la mejora de la calidad cultural y por tanto personal, de los individuos. Como elemento social que es, y teniendo en cuenta, que las obras de ficción reflejan, de una manera u otra, la realidad que rodea al escritor no es difícil pensar, que las bibliotecas formen parte de las creaciones ficticias. Sin embargo, está comprobado, que el libro está constantemente en la literatura, pero la biblioteca es un elemento que no parece atraer demasiado a los escritores. La literatura dentro de la literatura ha sido siempre un espacio atractivo para el estudioso y exótico para el escritor (aunque indiferente para el lector, todo hay que decirlo). Puede deducirse, que las bibliotecas están llenas de novelas, pero muy pocas novelas hablan de bibliotecas. No obstante, haremos un recorrido por las bibliotecas introducidas en la ficción literaria, remontándonos, en primera instancia, a El Quijote con el célere capítulo VI de la Primera Parte, el conocido como el “escrutinio”.

“Del Donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”. Quijano ya ha tenido su primera salida de tres días, y quienes lo rodean, han advertido su delirio, de modo, que deciden buscar en su biblioteca la causa de su locura. Aunque en el capítulo XXIV se nos dice que tiene trescientos libros, aquí sólo habla de cien, lo que no es poca cosa para aquellos años; y en el “escrutinio” se mencionan poco menos de treinta divididos en tres grupos:  libros de caballería, novelas pastoriles y poesía heroica, que abarcan un periodo que va de 1508 a 1491, el año en el que, probablemente, Cervantes, empezó a escribir El Quijote. Pero más allá de los datos, lo que interesa destacar es la riqueza del episodio, lleno de seductoras reflexiones y flagrantes ironías.

Citas

He aquí algunas citas:

  • “Encomendados sean a Satanás y a Barrabás tales libros, que así han echado a perder el más delicado entendimiento que había en toda la mancha”
  • “Más yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado y quemaran todos esos descomulgados libros, que tiene muchos que bien merecen ser abrasados, como si fuesen herejes”.
  • Ya en pleno “escrutinio”, el cura agotado de evaluar libro por libro, protesta: “Pues no hay más que hacer, sino entregarlos al brazo seglar del ama, y no me pregunte el porqué, que sería nunca acabar”

Es evidente, que la fina ironía de Cervantes apunta aquí a la Inquisición. Las menciones de “Satanás”, libros descomulgados, “herejes”, y “brazo seglar,” tienen una referencia común y se procura poner de relieve el alcance disparatado de la mano del Santo Oficio y su poderosa penetración en la mente de los humildes aldeanos, quienes prefieren quemar todo antes de tener problemas. No hay que olvidar, que se llamaba “brazo seglar” a la justicia civil, que ejecutaba las sentencias de la Inquisición, de manera que entregar los libros al “brazo seglar del alma” significaba que todos, incluso una criada, podían transformarse en improvisados inquisidores.

Pero lo verdaderamente curioso es, que ninguno de los libros escrutados, eran considerados heréticos y no figuraban en el célebre Índex Librorum Prohibitorum, creado en 1558 por el Santo Oficio, para condenar a la hoguera libros que resultaran “dañinos” y “perjudiciales”. Ya en capítulo VII, nos enteramos de que el ama quemó, en el corral, todos los libros, incluso los que, según el “escrutinio”, deberían salvarse.

Dejando a un lado El Quijote, encontramos referencias bibliotecarias en algunas obras como en Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez; los manuscritos de Melquíades, cuidadosamente descifrados y custodiados por el último Buendía, predicen la historia de su estirpe y del mágico lugar Macondo. En este caso, el Realismo Mágico del que está impregnada la novela, se apodera también de la Biblioteca que custodia los manuscritos, y, es más, hace de guardiana de todos los secretos que se desarrollan en la historia. En Ulises de Joyce, Leopoldo Blomm recorre Dublín en su particular “odisea” a lo largo de dieciocho capítulos; uno de ellos transcurre en la Biblioteca Nacional de Dublín.

En otras obras se traslúcida el papel formativo de las bibliotecas: como en Martín Edén de Jack London, cuyo protagonista es un pobre e inculto muchacho, que se convierte en escritor, gracias a las enseñanzas de su tutora (de la que, por supuesto, se enamora) y sus inacabables lecturas en la biblioteca. Desde luego, para desarrollar su éxito como persona y desarrollo personal, el escenario bibliotecario es fundamental, igual que en Kafka en la orilla (Haruki Murakami), que presenta a un joven que pasa largas temporadas leyendo en la sala de lectura de una biblioteca, entablando amistad con el bibliotecario: lo curioso es, que este chico (Kafka Tomara), se escapa de casa y encuentra el refugio entre los libros. Los libros como refugio, el refugio de los libros, vía de escape de la realidad.

Desde luego, existen obras de ficción a montones sobre libros y en gran parte de ellos aparecen bibliotecas, pero en muy pocas son los elementos principales de la narración. No obstante, pueden   considerarse   cuatro   las   narraciones   literarias reconocidas, cuyo argumento gira en torno a una gran biblioteca: El nombre de la Rosa de Umberto Eco, La Biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges y Phenix Brillante y Faranhet, de Ray Bradbury.

Extracto extraído del tema “Literatura y Bibliotecas” del material de esta academia

 

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