Rocío Díaz Gómez : Libros recomendados por Fernando Savater - Librotea

Fernando Savater, entre sus libros

“Los libros que cada cual escoge para su recreo, para su instrucción, incluso para su vanidad, son verdaderas huellas dactilares para su espíritu”. Marañón

Todo amante del libro forma, de una manera u otra, una biblioteca privada, compuesta por trazos vitales. Nuestra biblioteca privada se convierte en un espacio capaz  de  ilustrar toda nuestra experiencia vital. Atesoramos libros creando vínculos invisibles con ellos;  a todos bibliófilos les gusta observar las tapas, las ilustraciones, hojear, oler, leer las primeras líneas y por supuesto, mantener los libros a mano para mantener  conversaciones   imaginarias  con  ellos  (o  releerlos,  subrayarlos,  hacer anotaciones al margen, etc.). Les  damos su espacio, les buscamos compañeros afines en la estantería y los observamos de lejos con satisfacción…

Nuestra  biblioteca  es  nuestra  guía,  nuestro  tesoro;  el  robo  de  cualquier ejemplar de la misma supone la amputación de parte de nuestra vida. Al final, uno es lo que lee, por este motivo, es inevitable que al entrar en casa ajena, lo primero que se busque sean los libros que habitan en ella. Al observar la biblioteca de otro, te puedes hacer una idea de  qué tipo de persona es. Y aquí nos detenemos para pasar de puntillas por algunas bibliotecas privadas y adentrarnos un poco en el alma de algunos escritores importantes.

La biblioteca del escritor es su oficina, y casi siempre, en ella se encuentra parte del material de su trabajo. Esto es bien sabido por el estudioso de la literatura, que cuando  le  es posible, se dedica a investigar en las bibliotecas privadas para examinar con atención las obras de los escritores. Laura Rosato y Germán Ávarez han revisado a fondo la  de Jorge Luis Borges en Libros y Lecturas, donde recogen que casi todos los libros  registrados están en alemán o inglés y que es dado a hacer anotaciones en los márgenes .En España, Jesús Marchamalo, periodista y escritor, ha husmeado en varias bibliotecas privadas de nuestros escritores y las conclusiones las ha plasmado en Donde se guardan los libros, bibliotecas de escritores. Recoge  las impresiones  de  las  bibliotecas  de  Fernando  Savater,  Javier  Marías,  Arturo  Pérez Reverte, entre otros.

Bibliotecas de escritores | javiermariasblog

Javier Marías en su biblioteca personal

De la biblioteca de Javier Marías, cuenta la anécdota que hace años ésta aparecía en revistas y suplementos de decoración. Un encargado de la empresa que le instaló las estanterías, cuando vio las vio rebosando de clásicos ingleses (Quincey, Dickens,  etc), le propuso utilizarlas para publicidad de la marca. La bibliografía de Marías  es,   además,  bastante  extensa,  compuesta  de  clásicos  ingleses,  de  la traducción de Las mil y una noche, sobre la que escribió Borges, en edición ilustrada, difícil de encontrar. Custodia los libros por decenas de soldados de plomo, infantería y caballería. Posee la obra completa de Valle- Inclán y Baroja, además de atesorar una extensa  colección  de  literatura  norteamericana.  Marchamalo  afirma  que  mirar  las estanterías de María es hojear una manual de Literatura. Los autores colocados por orden  cronológico,  están  al  lado  de  los   contemporáneos,  mezclando  poetas  y ensayistas, filósofos y narradores. Para ser riguroso en esta adjudicación accidental, tiene  desde  hace  años  un  listado  alfabético,  escrito  a  máquina  con  decenas  de añadidos manuscritos, en el que figura, junto a cada escritor, el año de nacimiento y del que echa mano en caso de duda.

Entre las bibliotecas más curiosas destaca la de Mario Vargas Llosa. El autor de La  fiesta del Chivo, ha visto como su biblioteca ha recorrido París, Barcelona y Lima, aunque es en Madrid donde tiene su sistema informático que le permite saber qué  libro  tiene  en  cada  lugar.  En  total  veinticinco  mil  ejemplares  salpicados  de pequeños hipopótamos, sus fetiches, que coloca en los anaqueles.

Para finalizar, subrayar la iniciativa que ha tenido Solingen (Alemania), de reconstruir en una exposición, la biblioteca de Walta Benjamin. Naturalmente, la auténtica biblioteca del escritor se perdió en los avatares de la guerra, pero aunque los ejemplares que se muestran no son los pertenecientes al escritor, sí son de la misma época y lo más parecido posible a lo que él pudo haber manejado. Esta hazaña ha sido posible  gracias al infatigable trabajo del librero Herbert Blank, que consiguió reconstruirla a través del estudio de su obra, sus notas, su correspondencia y de los documentos reunidos en el Walter Benjamin Archiv en Berlín. Este archivo guarda más de doce mil documentos, que  han llegado  hasta allí,  siguiendo  caminos  casi  tan complicados como los que llevaron a  Benjamin a acabar con su vida en Potbou en 1940: una parte proviene de la Bibliotheque Nationale de París, donde Botaille los había escondido, otra viene de los papeles que el escritor legó a Theodor W., mientras que una tercera fue requisada por la Gestapo del piso donde Benjamin vivía en París y llevada a Berlín; luego, los soviéticos trasladaron esos documentos a Moscú, para más tarde cedérselos a la Biblioteca Nacional de la RDA. Un ir y venir que ha finalizado felizmente, con todos los documentos accesibles y juntos, gracias al arduo trabajo y empeño de los amantes del patrimonio cultural.

Este punto nos lleva preguntarnos ¿Qué pasa con las bibliotecas privadas cuando  el dueño muere?; el primer paso es ofrecerla a los herederos, pero puede surgir el  problema de que ninguno de ellos sea amante de la lectura o que por el contrario haya más de uno y haya que dividir la bibliotecas no siendo de recibo esta solución.  Otro  camino  es  donarla  a  una  fundación,  como  hizo  Cortázar  con  su interesante biblioteca  privada. Difícil elección, ya que ambas decisiones no estarán exentas de disputas. La realidad es que, los que prefieren poner la biblioteca, que han construido a lo largo de la  vida,  a disposición de los demás, realizan un gesto de generosidad, de querer promover el saber y difundirlo, que bien pensado, ha sido ( y es) la premisa principal y fundamental de las Bibliotecas. Un ejemplo de ello es la donación a nuestra Biblioteca Nacional de dichas bibliotecas personales y archivos.

Texto extraído de los temarios de esta academia (Tema: “Literatura y Bibliotecas”)

 

 

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