Imagen: BARATZ

Las bibliotecas públicas suelen asociarse con la lectura, los libros y el acceso a la cultura, pero su aportación cotidiana se extiende mucho más allá. La publicación Strengthening Europe through public libraries (Fortalecer Europa a través de las bibliotecas públicas) muestra cómo estos servicios sostienen el aprendizaje, la convivencia, la participación democrática y el bienestar de las comunidades. El documento presenta las bibliotecas como espacios públicos cercanos, fiables y abiertos, capaces de responder a necesidades distintas sin abandonar su misión de garantizar el acceso al conocimiento. Su mensaje resulta oportuno: invertir de manera continuada en bibliotecas no significa conservar una institución del pasado, sino reforzar una infraestructura social que Europa necesita para afrontar el presente y prepararse para el futuro

El trabajo fue elaborado por el Open Method of Coordination (OMC) Group creado tras el mandato aprobado por el Consejo de la Unión Europea en 2023. Participaron 36 personas expertas de 25 estados miembros, con aportaciones de países europeos no pertenecientes a la Unión y consultas a organizaciones culturales, editoriales y bibliotecarias. El grupo revisó literatura especializada, legislación, estrategias nacionales y regionales, datos comparables y más de cien buenas prácticas. El resultado es una visión amplia de las posibilidades de las bibliotecas y de los obstáculos que todavía limitan su desarrollo. Aunque se publica bajo el sello de la Oficina de Publicaciones de la Unión Europea, el propio documento aclara que no representa la posición oficial de la Comisión Europea.

En conjunto, el informe describe una red de unas 67.000 bibliotecas públicas, 170.000 profesionales, 757 millones de visitas y 75 millones de personas usuarias registradas cada año. Identifica diez retos sociales ante los que las bibliotecas ya ofrecen respuestas: alfabetización y aprendizaje permanente, acceso a la cultura, cohesión social, brecha digital, democracia, empleo y desarrollo económico, sostenibilidad ambiental, salud y bienestar, equilibrio territorial y preparación ante crisis. Para ampliar esa aportación, propone seis ámbitos de actuación: marcos legales sólidos, financiación estable y compartida, decisiones apoyadas en datos, personal cualificado y reconocido, espacios sostenibles e inclusivos y una mayor madurez digital. No es solo una defensa del sector, sino una propuesta de política pública.

Cómo las bibliotecas abordan múltiples retos sociales de forma interconectada y transversal

Uno de los mayores aciertos del documento es explicar que las bibliotecas no trabajan cada reto de forma aislada. Un taller de alfabetización digital puede mejorar la autonomía personal, facilitar el acceso a servicios públicos, combatir la desinformación y reducir el aislamiento. Un club de lectura puede reforzar competencias lingüísticas, crear vínculos y favorecer el diálogo entre generaciones o culturas. Una biblioteca de semillas puede acercar conocimientos ambientales y recuperar saberes locales. Esta capacidad para generar varios resultados desde una misma actividad convierte a las bibliotecas en aliadas de políticas educativas, culturales, sociales, sanitarias, económicas y ambientales. El informe invita así a dejar de contemplarlas únicamente desde el área de cultura y a incorporarlas a estrategias públicas más amplias.

Esta mirada resulta especialmente necesaria porque varios desafíos europeos se alimentan entre sí. Las dificultades lectoras condicionan el aprendizaje y el acceso al empleo; la brecha digital limita el uso de servicios administrativos, sanitarios o financieros; la desinformación deteriora la confianza y la participación democrática; y la soledad afecta al bienestar y a la cohesión comunitaria. Las bibliotecas disponen de algo difícil de reproducir: proximidad territorial, personal especializado, espacios no comerciales y una relación de confianza con públicos muy distintos. Su fortaleza no radica en sustituir a escuelas, servicios sociales, centros sanitarios u oficinas de empleo, sino en colaborar con ellos y acercar información, oportunidades y acompañamiento a la vida cotidiana de las personas.

El informe también señala una contradicción. Las bibliotecas encajan en numerosas prioridades europeas, pero su presencia todavía es débil en algunas políticas que podrían beneficiarse de su participación. La publicación menciona que no fueron incorporadas a la Estrategia de la Unión de la Preparación, pese a su actuación durante pandemias, guerras y desastres, y observa que el Escudo Europeo para la Democracia no desarrolla su papel, aunque destaque la alfabetización mediática y el acceso a información fiable. Frente a estas ausencias, el grupo propone reconocer las bibliotecas como parte de la infraestructura social y democrática, incluirlas en los planes de emergencia y aprovecharlas como espacios locales de diálogo, información y recuperación comunitaria.

Las múltiples funciones de la biblioteca moderna: intercambio de conocimiento, innovación, apoyo social y conexión comunitaria

Para explicar la evolución de estos servicios, el documento utiliza cuatro metáforas. La biblioteca es un mercado cuando permite intercambiar conocimientos, ideas y cultura sin que estos se compren ni se vendan. Es un laboratorio cuando ofrece oportunidades para experimentar, crear, reparar, aprender habilidades o desarrollar proyectos. Se convierte en refugio al proporcionar seguridad, concentración, privacidad, acompañamiento o protección ante situaciones de vulnerabilidad. Y funciona como nodo comunitario cuando conecta personas, instituciones y recursos dentro y fuera del edificio. Ninguna biblioteca tiene que desarrollar las cuatro dimensiones con la misma intensidad. Su combinación depende del territorio, las necesidades de la población, los recursos disponibles y las alianzas que sea capaz de construir.

Estas metáforas se sostienen gracias al trabajo del personal bibliotecario. El informe describe siete papeles profesionales: construir comunidad, contar historias, orientar, facilitar, proteger, activar y motivar. Detrás de una biblioteca abierta e inclusiva hay personas que seleccionan información fiable, acompañan procesos de aprendizaje, organizan actividades, crean alianzas, comunican servicios y escuchan a la comunidad. El documento reconoce así una realidad que el sector conoce bien: la profesión ha ampliado sus responsabilidades sin abandonar la gestión de colecciones, la lectura y el acceso a la información. Por ello reclama perfiles profesionales bien definidos y formación continua en competencias digitales, inteligencia artificial, inclusión, participación comunitaria, liderazgo, comunicación y evaluación de resultados.

Esa ampliación de funciones no siempre ha venido acompañada de más recursos. La plantilla europea se ha mantenido alrededor de 170.000 profesionales durante la última década, mientras las bibliotecas atienden a ocho millones más de personas usuarias y responden a necesidades cada vez más diversas. La financiación continúa dependiendo en gran medida del ámbito local, lo que genera diferencias entre países, regiones y municipios. El informe advierte del riesgo de celebrar bibliotecas ejemplares sin atender a aquellas que carecen de personal, instalaciones, conectividad o presupuesto para evolucionar. La distancia entre el potencial y la realidad no se resuelve pidiendo más esfuerzo a los equipos, sino mediante compromisos públicos estables y responsabilidades compartidas entre administraciones.

Ejemplos reales de buenas prácticas que demuestran el impacto social de las bibliotecas en Europa

La publicación reúne más de cien experiencias que permiten observar cómo estas funciones se trasladan a servicios concretos. Finlandia, por ejemplo, integra las bibliotecas en su Estrategia Nacional de Alfabetización 2030 y garantiza su participación profesional en el apoyo lector durante toda la vida. En Polonia, la campaña Un libro pequeño, una gran persona entrega lotes de lectura a familias con bebés, alumnado de preescolar y niños que comienzan la educación primaria. Desde 2017 ha distribuido millones de libros y ha implicado a miles de bibliotecas. Ambos casos muestran que promover la lectura obtiene mejores resultados cuando existe coordinación nacional, continuidad presupuestaria y colaboración entre bibliotecas, centros educativos, servicios sanitarios y familias.

La alfabetización digital y mediática ocupa otro espacio destacado. El proyecto Digital Zebra, desarrollado en 22 bibliotecas de Berlín, ayuda a personas de todas las edades a utilizar servicios públicos digitales, concertar citas, acceder a formación o relacionarse con empresas de suministros y aseguradoras. Sus orientadores reciben formación sobre accesibilidad, ciberdelincuencia y acompañamiento digital. A escala europea, SMILES reúne a bibliotecas, escuelas y organizaciones de Bélgica, España y los Países Bajos para ayudar a jóvenes de entre 12 y 15 años a identificar noticias falsas. Son iniciativas diferentes, pero comparten una idea: la inclusión digital depende tanto de la tecnología como de la presencia de profesionales capaces de explicar, escuchar y acompañar.

También hay experiencias relacionadas con sostenibilidad, salud y cohesión social. La Red de Bibliotecas Públicas de Navarra participa en Bibliotecas y semillas, un proyecto que conecta el préstamo de semillas con la ecología, la soberanía alimentaria y la recuperación de conocimientos locales. En IrlandaHealthy Ireland at your library ofrece colecciones, actividades y orientación sanitaria en las 330 sucursales de la red pública. En los Países BajosMayores en el barrio combina encuentros, formación y actividades para reducir la soledad y reforzar las competencias personales y digitales de personas mayores con bajos ingresos. Estos ejemplos muestran que una biblioteca puede ampliar su servicio sin perder su identidad cuando trabaja con información contrastada y socios especializados.

El papel clave de las bibliotecas en situaciones de crisis, emergencias y reconstrucción comunitaria

Una de las partes más contundentes del informe es la dedicada a las crisis. Tras los terremotos de febrero de 2023 en Turquía, la Dirección General de Bibliotecas y Publicaciones movilizó 48 bibliotecas móviles y más de 250 profesionales. Estos servicios ofrecieron internet y ordenadores para realizar trámites administrativos, espacios para la infancia, apoyo emocional y puntos de coordinación para organizaciones presentes en las zonas afectadas. También se habilitaron bibliotecas en tiendas, contenedores y edificios prefabricados. La respuesta no se planteó como una actividad cultural secundaria, sino como parte de la recuperación comunitaria. El caso demuestra que conservar y reconstruir servicios bibliotecarios puede contribuir a restablecer vínculos, rutinas, información y oportunidades después de un desastre.

En Ucrania, las bibliotecas han asumido funciones todavía más extremas desde el inicio de la invasión rusa a gran escala. Algunas se han convertido en refugios antiaéreos, centros de voluntariado, puntos de apoyo a personas desplazadas, espacios de alfabetización digital y lugares para conservar la memoria de las comunidades. Aproximadamente 6.000 bibliotecas se incorporaron a la campaña nacional de capacitación digital, mientras otras desarrollaron actividades de alfabetización mediática frente a la guerra informativa. La campaña Biblioteca del Guerrero Ucraniano recoge y distribuye libros entre unidades militares, hospitales y centros de formación. El informe recuerda, al mismo tiempo, que centenares de bibliotecas ucranianas han sido dañadas o destruidas, poniendo en riesgo parte de la infraestructura cultural del país.

Durante la pandemia, las bibliotecas irlandesas ofrecieron otra muestra de adaptación. Aunque los edificios cerraron temporalmente, el personal fue reconocido como trabajador esencial y participó en los foros locales de respuesta comunitaria. Se organizaron entregas de libros a domicilio, servicios de recogida, actividades en línea y apoyo a personas mayores que utilizaban por primera vez los recursos digitales. En 2020 se incorporaron más de 150.000 nuevas personas usuarias digitales y en 2021 fueron más de 200.000. El caso ilustra que la preparación ante crisis no empieza cuando llega la emergencia. Depende de contar previamente con equipos formados, plataformas disponibles, alianzas locales y una red pública reconocida por la ciudadanía.

Condiciones necesarias para fortalecer las bibliotecas como política pública sostenible y estratégica

El documento traduce estas evidencias en seis condiciones para avanzar. La primera es disponer de leyes y estrategias que reconozcan la misión pública de las bibliotecas, protejan su autonomía y garanticen el acceso universal. La segunda es una financiación estable y compartida que permita mantener los servicios básicos y acometer inversiones plurianuales. La tercera consiste en reunir y utilizar datos comparables para planificar, evaluar y demostrar resultados. Las otras tres se centran en el personal, los espacios y la tecnología: plantillas preparadas y reconocidas, edificios accesibles y sostenibles, y servicios digitales seguros que refuercen la atención presencial. El objetivo no es que todas las bibliotecas hagan lo mismo, sino que ninguna quede inmovilizada por falta de apoyo.

La mejora de los datos merece una atención especial. Aunque el informe registra alrededor de mil millones de préstamos físicos y 160 millones de préstamos digitales al año, no existe un sistema europeo uniforme capaz de comparar con precisión servicios, actividades y resultados. Las estadísticas tradicionales siguen siendo necesarias, pero ya no bastan para explicar cambios en el bienestar, la inclusión, las competencias, la participación o la confianza. El grupo propone combinar información cuantitativa y cualitativa, realizar diagnósticos comunitarios y evaluar resultados sociales, culturales y económicos. Esta tarea requiere formación, herramientas y tiempo. Medir mejor no debe convertirse en otra carga administrativa, sino ayudar a tomar decisiones más justas, defender recursos y hacer visibles aportaciones que suelen permanecer ocultas.

El anexo Un camino para crecer convierte las recomendaciones en una hoja de ruta flexible. Distingue tres etapas: una biblioteca que cumple correctamente una función básica; otra que incorpora varias funciones y establece colaboraciones; y una biblioteca avanzada que integra sus servicios en estrategias públicas más amplias, trabaja con datos y mantiene alianzas duraderas. El modelo reconoce que una misma biblioteca puede encontrarse en niveles distintos según el ámbito analizado. El grupo propone que, para 2030, las bibliotecas europeas alcancen al menos el nivel intermedio en la mayoría de los diez retos. No se trata de crear una clasificación competitiva, sino de facilitar la planificación, el diálogo con las administraciones y la identificación de los apoyos necesarios.

El caso de España y los desafíos para alinear su desarrollo bibliotecario con las metas europeas hacia 2030

España aparece en el informe con una legislación bibliotecaria que garantiza el acceso gratuito y con el cuarto Plan Estratégico del Consejo de Cooperación Bibliotecaria 2024-2028Entre sus prioridades figuran la sostenibilidad, la accesibilidad universal, el desarrollo profesional, la conservación y digitalización del patrimonio bibliográfico, el uso de datos y tecnologías, las bibliotecas rurales y la alfabetización mediática e informacional. Esta coincidencia con las recomendaciones europeas ofrece una base sobre la que avanzar, pero también plantea preguntas necesarias: cómo asegurar recursos suficientes, reducir desigualdades territoriales, reforzar las plantillas y convertir las líneas estratégicas en mejoras visibles para la ciudadanía. El informe europeo puede servir como apoyo para ese diálogo entre profesionales, responsables políticos y comunidades.

La publicación mira hacia 2030 y más allá. Propone mantener la cooperación entre países, dar continuidad al grupo de trabajo en el próximo Plan de Trabajo de la Unión Europea para la Cultura y preparar estrategias bibliotecarias para el periodo 2030-2040. También plantea celebrar una Semana Europea de las Bibliotecas que permita mostrar sus múltiples funciones y favorecer la colaboración con otros sectores. Estas propuestas buscan que el impulso generado por el informe no quede reducido a una declaración de intenciones. La continuidad dependerá de que las recomendaciones se traduzcan en compromisos compartidos, calendarios de actuación y mecanismos de seguimiento capaces de comprobar si las bibliotecas avanzan realmente en el cumplimiento de sus distintos papeles.

La idea que atraviesa todo el documento es sencilla: reconocer las bibliotecas como servicios esenciales exige algo más que palabras de apoyo. Ese reconocimiento debe reflejarse en leyes, presupuestos, formación, espacios, tecnología y evaluación. También requiere escuchar a las comunidades y confiar en el personal bibliotecario, que conoce de cerca las necesidades y posibilidades de cada territorio. La publicación ofrece argumentos, ejemplos y un marco común para iniciar o reforzar ese trabajo, pero las decisiones corresponden ahora a las administraciones y a quienes planifican los servicios públicos. Fortalecer las bibliotecas públicas significa reforzar comunidades capaces de leer, aprender, convivir, decidir y cuidarse, incluso cuando las circunstancias sociales, tecnológicas o económicas cambian.

Fuente: BARATZ

academia auxiliar de biblioteca

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