Auxiliar de Biblioteca

No todos los días son iguales, pero todos tienen algo en común: cuando trabajas como Auxiliar de Biblioteca, la jornada arranca mucho antes de abrir la puerta… y suele terminar bastante después de cerrarla. No es solo cosa de horarios, sino de actitud, de ritmo, de esa responsabilidad callada que casi nadie ve…

Lo que vas a leer no es un invento. Es una mirada realista, armada con las experiencias de muchos auxiliares y, quién sabe, tal vez con la tuya si decides seguir este camino.

 8:00 – Llegada, apertura y primeras revisiones

Primero lo primero: llegar a tiempo. Aunque la biblioteca abra a las 9:00, tú entras antes. Hay que subir persianas, encender luces, asegurarse de que todo funcione. A veces, si los ordenadores están de mal humor, toca reiniciarlos o solucionar incidencias. Si abres solo, haces una ronda rápida: ¿las sillas están en su sitio?, ¿los equipos encendidos?, ¿todo en orden? Y por supuesto, el mostrador tiene que estar listo para arrancar: limpio, organizado, con el sistema de gestión bibliotecaria abierto y operativo.

9:00 – Se abren las puertas

Empieza el movimiento. Entran los madrugadores, estudiantes apurados, alguien que solo quiere «devolver algo rápido». Desde ahí, no paras: préstamos, devoluciones, consultas básicas, carnés, quejas, agradecimientos, y esas preguntas raras tipo “¿tienen el libro de la serie esa…?”. La primera hora es puro ajetreo.

10:00 – Colocación y tareas de sala

Ya con el mostrador más calmado, toca organizar. Los carros tienen devoluciones del día anterior (a no ser que tus compañeros de la tarde hayan hecho su trabajo perfectamente). Vas pasillo por pasillo, ordenando por signatura, colocando con cuidado, corrigiendo lo que esté fuera de lugar.

Aquí se nota si tienes buen ojo bibliotecario: colocas rápido, pero bien. Si encuentras un libro maltratado o en mal estado, lo apartas sin pensar.

Aprovechas para revisar secciones, rellenar huecos o reponer materiales de difusión.

12:00 – Sala de ordenadores: preguntas y soluciones

Un usuario no puede entrar a su correo. Otro quiere imprimir desde el móvil. Alguien más necesita ayuda con su tarea. Y mientras, hay que revisar que las máquinas funcionen, que haya papel en la impresora y que nadie esté viendo contenido indebido.

Todo con paciencia, porque para muchos, tú eres su única ayuda con la tecnología (sí, tú, el Auxiliar de Biblioteca).

13:00 – Preparar actividades (cuando las hay)

Hoy toca cuentacuentos. Mañana, un taller digital. La próxima semana, una charla. Si te toca, ayudas a preparar el espacio, montar sillas, revisar materiales, pegar carteles, imprimir lo necesario.

Tal vez no seas el organizador, pero tu apoyo se nota… aunque nadie te mencione.

 14:00 – Cierre o comida, según el turno

Si estás en el turno de la mañana, es momento de cerrar el sistema y dejar todo listo para el siguiente turno.

Y si tienes jornada partida, toca salir, comer algo rápido… y regresar.

16:00 – La tarde arranca con otro ritmo

Por la tarde cambia el ambiente. Hay más jóvenes, más estudiantes, más movimiento. Atención al público, organización, llamadas, ayuda con el catálogo, reservas… Y si estás en la sección infantil, prepárate: ahí no llegan con dudas, llegan con energía.

18:00 – Lo inesperado siempre llega

Una impresora que se estropea. Un usuario molesto porque su carné ya no sirve. Alguien vomitó en la zona de lectura. O de pronto piden mover mesas para una charla o un taller improvisado. Nada de eso estaba previsto, pero tú lo solucionas.

20:00 – Cierre, y mañana otra vez

Todo vuelve al silencio. Apagas luces, cierras el sistema, haces una última revisión. Y al salir, piensas: “Hoy fue pesado… pero valió la pena. Ayudé, organicé, hice que esto funcionara.”

Y eso —aunque no lo diga el BOE ni se valore en la oposición— también es ser Auxiliar de Biblioteca.

Conclusión

Ser Auxiliar de Biblioteca no es fácil, ni una fiesta, ni siempre agradecido. Pero está lleno de momentos únicos, soluciones discretas y gestos que hacen que una biblioteca no sea solo un lugar con libros… sino un espacio que respira. Y tú, aunque a veces ni lo notes, eres parte esencial de ese ecosistema, o lo serás.

Enrique Navas Benito / Academia Auxiliar de Biblioteca

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