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El usuario que acude a la biblioteca por cualquier motivo va a tener siempre o casi siempre una demanda y una necesidad que cubrir. Puede, no obstante, que no necesite preguntar nada, que solo quiera sentirse arropado, leer el periódico o ver una película, y que conozca los entresijos para hacerlo, no teniendo que solicitar nada al bibliotecario. Pero lo más común es que en un momento de su visita se acerque al mostrador para preguntar algo. He querido recopilar en este post 10 demandas muy habituales que el usuario plantea al personal bibliotecario y cómo —según mi criterio— resolverlas diligentemente. He puesto diez, pero hay miles…

1. “¿Tenéis este libro?”

Es la pregunta clásica. Parece simple, pero no lo es tanto.

En más de una ocasión he visto respuestas precipitadas del tipo “no, no lo tenemos”, cuando en realidad sí estaba en otra sección, en el depósito o bajo una variante del título. O simplemente lo estaba leyendo alguien, o estaba encima de una mesa, o en los carritos, o mal colocado en la estantería. El manejo correcto del catálogo, conocer cómo están estructurados los fondos y saber interpretar registros es una competencia básica.

Resolver diligentemente esto implica:

– Verificar bien la búsqueda.
– Comprobar el estado del ejemplar.
– Ofrecer alternativas si está prestado (otra edición, formato digital, reserva, préstamo interbibliotecario, desiderata).
– Explicar claramente qué puede hacer el usuario si está prestado.

No se trata solo de localizar un documento, sino de resolver la necesidad.

2. “No encuentro nada sobre este tema”

Aquí ya no hablamos de un documento concreto, sino de una necesidad informativa.

Esta es una de las situaciones donde más se nota la diferencia entre alguien que despacha y alguien que ejerce de bibliotecario. Realizar una buena entrevista de referencia es una competencia profesional fundamental. Preguntar bien es tan importante como responder.

Recuerdo a una estudiante que pedía “algo sobre la Guerra Civil”. Tras cinco minutos de conversación descubrimos que necesitaba centrarse en la retaguardia en Andalucía para un trabajo muy concreto. Si no afinamos, ofrecemos ruido, no información. Y necesitamos pertinencia.

Diligencia significa:

– Delimitar la necesidad.
– Orientar en el uso del catálogo.
– Sugerir fuentes fiables.
– Enseñar a buscar.

La biblioteca no sustituye el trabajo intelectual del usuario, pero sí lo guía.

Inteligencia Emocional

3. “¿Me puede ayudar con el ordenador?”

Hoy esta demanda es diaria.

Desde imprimir un documento hasta acceder a una sede electrónica. Aquí entra en juego una competencia que a veces no se menciona lo suficiente: la mediación digital. El bibliotecario tiene que estar alfabetizado digitalmente para poder alfabetizar a otros. Como digo, con tecnología de la propia biblioteca (catálogo, impresora, libros electrónicos, etc.) como con los múltiples trámites y necesidades que le surgen al usuario en Internet para su vida diaria.

Hay que ayudar, pero sin invadir. Acompañar, pero sin suplantar. Y, sobre todo, respetar la privacidad del usuario.

Una intervención diligente es aquella que resuelve el problema inmediato y deja al usuario un poco más autónomo que antes. Al fin y al cabo, eso es alfabetizar.

4. “¿Cómo me hago el carné?”

Puede parecer un trámite administrativo menor, pero es el primer contacto formal con el servicio.

Aquí se pone en juego la competencia normativa: conocer el reglamento, los derechos y deberes, las condiciones de préstamo.

Pero también la competencia comunicativa. No basta con enumerar requisitos; hay que explicar qué puede hacer esa persona en la biblioteca, qué servicios tiene a su alcance.

Es una oportunidad para construir un vínculo.

Auxiliar de Biblioteca

5. “Se me ha pasado la fecha de devolución”

Esto también es muy frecuente.

La diligencia no consiste en aplicar automáticamente la sanción ni en flexibilizar sin criterio. Consiste en aplicar la norma con coherencia y explicarla con claridad.

El usuario debe entender el porqué del sistema: la biblioteca es un servicio compartido y los plazos garantizan la circulación de los fondos.

Firmeza y empatía no son incompatibles.

6. “Necesito una sala para estudiar en grupo”

La evolución de los espacios bibliotecarios ha multiplicado este tipo de consultas.

Gestionar espacios es hoy parte esencial del trabajo. Hay que conocer sistemas de reserva, horarios, límites de uso y normas de convivencia.

Y, cuando no hay disponibilidad, ofrecer alternativas razonables. La frustración del usuario muchas veces no viene de la negativa, sino de la falta de explicación.

7. “¿Tenéis WiFi?”

Puede parecer una pregunta absurda en el siglo XXI, pero refleja una realidad: la biblioteca como infraestructura pública de acceso digital.

Archivo:WiFi Logo.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Saber explicar cómo conectarse, qué limitaciones existen y cómo resolver incidencias básicas forma parte del servicio.

He visto usuarios en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla (trabajaba allí) que necesitaban enviar una solicitud urgente y la biblioteca era su única conexión estable. En ese momento, el WiFi no es un complemento: es un derecho de acceso a la información.

8. “Quiero donar unos libros”

No todo lo que se dona debe incorporarse. Esmás, no todo lo que se ofrece para donar lo acepta la biblioteca, con una política cada vez más selectiva en este tipo de forma de adquisición.

Aquí interviene la competencia en gestión de la colección. La biblioteca tiene criterios técnicos, política de desarrollo de colecciones y limitaciones físicas.

La diligencia consiste en:

– Agradecer.
– Explicar criterios.
– No comprometer la aceptación inmediata.
– Revisar conforme a la política de la biblioteca.

Aceptar todo sin filtro no es profesionalidad, es acumulación.

No obstante, podemos ofrecer alternativas al usuario si no vamos a aceptar su donación, de ello nos habla Roberto Soto en Biblogtecarios, sin despercicio.

9. “¿Puede recomendarme algo para leer?”

Este es uno de los momentos más gratificantes del trabajo.

Aquí se ponen en juego conocimiento de la colección, sensibilidad lectora y capacidad de escucha.

No es recitar novedades. Es preguntar, interpretar y sugerir.

Una buena recomendación convierte a un usuario ocasional en lector habitual.

Dejo aquí un artículo de mi autoría llamado «Prescripción lectora para torpes en bibliotecas», espero que les guste.

10. “Solo quería preguntar…”

A veces la demanda es humana.

Hay usuarios mayores que buscan conversación, jóvenes que necesitan orientación, personas que simplemente quieren sentirse atendidas.

La biblioteca sigue siendo uno de los pocos espacios públicos no mercantilizados. La atención personal forma parte del servicio.

La diligencia aquí no es técnica, es ética.

Más allá de las diez demandas

Estas diez situaciones reflejan competencias profesionales claras:

– Gestión de la colección.
– Alfabetización informacional.
– Mediación digital.
– Aplicación normativa.
– Gestión de espacios.
– Atención al usuario.
– Comunicación interpersonal.

Ser diligente no es solo contestar rápido. Es comprender la dimensión pública de la biblioteca y actuar con criterio.

A veces se piensa que el trabajo en mostrador es repetitivo. En mi experiencia, es justo lo contrario. Cada pregunta es distinta porque cada persona es distinta.

Y ahí está la esencia del servicio bibliotecario.

Enrique Navas Benito / Academia Auxiliar de Biblioteca

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