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Imagen extraída de la web www.sistemas.es

Aunque parezca mentira se hurta hasta un 1% de los fondos que ingresan en la biblioteca o, lo que es lo mismo, se pierde alrededor de un 1% de la inversión realizada en adquisiciones, y esto es un grave problema para la biblioteca ya que conlleva un menoscabo de los servicios bibliotecarios. Por ejemplo, en la Red de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid, el número de ejemplares perdidos o robados durante 2005 fue de 6.692 ejemplares, de los que 5.015 eran monografías, cuya reposición supuso un coste de alrededor de 80.000 euros…

Pero la desaparición de documentos produce otros perjuicios, no solo económicos, como son:

  • La pérdida de trabajo técnico (recuentos, cancelaciones, nuevos pedidos),
  • Difícil compra de libros que pueden estar descatalogados,
  • Perjuicio para los usuarios (falsas expectativas sobre libros que aparecen en el catálogo, pero han sido sustraídos) y, por consiguiente,
  • La imagen de la biblioteca se ve afectada.

Además, hay que tener en cuenta que el fondo bibliográfico es un patrimonio cultural adquirido con fondos públicos y que como tal, no debe perderse sin más, a no ser que sea por el deterioro de un uso muy elevado por parte de los usuarios.

Soluciones

El primer remedio para evitar estos perjuicios es recurrir a la vigilancia por parte del personal y, cuando no es suficiente, se adquieren sistemas antihurto.

La mayoría de las bibliotecas se valen de sistemas tecnológicos para velar por la seguridad del material bibliográfico, y de esta manera tratar de evitar el deterioro y reducir el robo de documentos y material informático.

Los sistemas magnéticos antihurto consisten en un testigo (que son dispositivos magnéticos conocidos usualmente como tiras, por ejemplo, 3MTM Tattle-TapeTM Security Strips) colocado dentro del documento, que se hace presente cuando el libro pretende seguir un camino distinto al que tiene fijado, al pasar entre los detectores magnéticos). Las etiquetas se desactivan cuando el usuario solicita el material en préstamo y se vuelven a activar cuando es devuelto. El uso de etiquetas conlleva la instalación de un arco antihurto en los puntos de entrada y salida de la biblioteca. Aunque la presencia de las etiquetas y el arco antihurto son de por sí disuasorias, no evita que algún usuario intente robar un libro, DVD, etc. Si ese fuera el caso, al pasar con el documento sin desmagnetizar por el arco antihurto, se activaría una alarma.

Estas tiras se componen de un metal y un adhesivo que los fija a las hojas y se camuflan donde se une cada par de hojas.

Se estima que este sistema de tiras o bandas magnéticas es más apropiado que otros similares, por la dificultad de localización del testigo dentro del libro.

Lo normal es que los usuarios no roben y aquellos que lo piensen, simplemente al conocer este sistema no intenten sustraer libros (similar a las alarmas de la ropa, por ejemplo). Ya solo con la presencia del equipo de detección debería ser suficiente para que decreciese la proporción de robos significativamente. No obstante, algunos usuarios infractores en lugar de aprender la no realización del hurto aprenden a evitar dicho castigo sin dejar de sustraer el documento, por ejemplo arrancando los dispositivos antihurto del libro para evitar su detección en la zona de control.

Como el coste presupuestario de los sistemas antihurto no es desdeñable, su eficacia ha de ser obligada y como un extra de seguridad por ejemplo en el material librario, (monografías o publicaciones periódicas), se pueden esconder varios testigos magnéticos o tiras, de las que se ha hablado anteriormente, de forma aleatoria. Al no ser constante el número de tiras magnéticas, el usuario nunca sabrá con seguridad si ha despojado el libro de todos los testigos, con lo que le provocamos incertidumbre y en último término disuasión del hurto.

Para los CDs y DVDs encontramos en el mercado las etiquetas antihurto desactivable/reactivable que poseen un adhesivo a una cara para poder ser pegada sobre CDS/DVDS y una etiqueta de alarma en uno de sus laterales. De esta forma la etiqueta queda protegida y es prácticamente imposible retirarla del artículo. Dado que las etiquetas adhesivas son estrechas y pasan desapercibidas, son ideales para la protección de bibliotecas, porque permiten ser desactivadas y reactivadas, siendo la solución para las aplicaciones en entornos donde el mismo objeto o producto está siendo sometido regularmente al proceso de desactivado/reactivado, tal y como es el caso en las bibliotecas.

Además, estas etiquetas pueden personalizarse con el logotipo de la institución.

En cuanto al desactivador/ reactivador electromagnético, es un dispositivo que permitirá desactivar y reactivar las etiquetas tantas veces como sea necesario, necesario para el préstamo de los libros, CD o DVD. Con este acto evitamos que el usuario haga saltar la alarma de los sistemas antihurto al salir de nuestra biblioteca con el producto recién prestado y a la vez que no dispare las alarmas en otros establecimientos.

Para la instalación y puesta en marcha del desactivador se necesita una toma de corriente y no necesita ningún tipo de sincronismo con los sistemas antihurto.

 

Texto extraído de los temarios de esta academia

 

 

academia auxiliar de biblioteca

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