
En España, debe haber biblioteca escolar en todos los centros por mandato de la ley educativa de 2006. El reglamento habilita a los centros de enseñanza para que cuenten con biblioteca escolar y manda a las autoridades que las doten progresivamente. Incluso se le asignan a estas bibliotecas el deber de promover el desarrollo de hábitos de lectura y de acceso a la información y formar al alumnado en el uso crítico de ella…
La realidad es bastante diferente de ese ideal legal. Lejos de volverse universal, ha ido retrocediendo en los últimos años esta presencia de bibliotecas escolares. En algunas es alarmante el fenómeno: en regiones como Cataluña o Baleares apenas resisten con una biblioteca activa menos de la mitad de los centros escolares, aunque lo diga la ley.
¿Por qué sucede esto?
Fundamentalmente por falta de apoyo y de inversión. Muchas bibliotecas escolares se quedan con vida gracias al voluntariado de profesorado. En muchos centros un personal específico se dedica únicamente a la biblioteca; son profesores los que, sumando tiempo extra, mantienen abierto el local y programan actividades. Esto supone sobrecarga de trabajo y restringe el aprovechamiento de estos servicios imprescindibles. En algunos centros se ha resuelto el problema sacando las bibliotecas centrales y creando pequeños espacios de lectura por clase, una solución más simple pero claramente insuficiente.
Dejadez y olvido institucional
Las bibliotecas escolares han sido las grandes olvidadas de las políticas de educación como de cultura. Un determinante ha estado en el desacceso de continuidad de los planes de promoción. Si bien algunas corrientes como Galicia, Andalucía o Extremadura han tenido un cierto apoyo, ninguna ha dejado de abandonar las bibliotecas, sin embargo.
También contribuyó a empeorar el problema el carácter de discontinuidad política en el estado: la reforma educativa de 2013 suprimió el nombre de las bibliotecas de los colegios y reflejó el enfoque en priorizar otras cosas y desatender a estos lugares.
También ha habido un efecto de cierta miopía digital. Al irrumpir los recursos tecnológicos, algunos pensaron que «todo está en Internet» y clausuraron bibliotecas para volverse salones de informática. Pero es que el alfabetismo digital complementa el tradicional y nunca va a reemplazarlo. Sin una sólida comprensión lectora, el exceso de información solo incrementa las desigualdades.
Finalmente, el abandono presupuestario y el déficit de personal cualificado completan el ciclo vicioso. Con recursos económicos y humanos nulos, tener una biblioteca viva se convierte en un desafío casi inabordable.
Lectura y comprensión: lo que está en juego
Algo que se pierde aquí es un recurso básico para el desarrollo de la lectura y del entendimiento. Nuevos estudios internacionales muestran que los estudiantes con biblioteca de escuela obtienen mejores resultados en comprensión de lectura.
En los últimos años se ha producido un inquietante retroceso en los niveles de comprensión lectora, sobre todo en comunidades donde las bibliotecas de los centros han desaparecido. Sin embargo, las comunidades que han invertido en ellas, como Galicia y Asturias, tienen las máximas puntuaciones nacionales en lectura.
Además de los números, las bibliotecas de las escuelas forman lectores de por vida. Es el lugar donde se despertará el amor a leer, donde se accede a los textos de recreo y se comprende que los libros pueden ser refugio, acompañamiento y ventana sobre el mundo.
Una cuestión de equidad educativa
La biblioteca escolar no es un lujo: es un instrumento de igualdad. Muchos niños y jóvenes carecen de libros en casa y de referentes lectores. Las escuelas pueden contrarrestar esa desventaja con una biblioteca accesible, diversa y viva. Cuando una escuela carece de biblioteca, los estudiantes de entornos desfavorecidos son los que más pierden.
Además de ofrecer libros, el área de biblioteca en el ámbito escolar es un espacio comunitario donde se trabajan proyectos en conjunto, se avanza con creatividad, se consolidan las amistades de alumnos de niveles diferentes y se favorece el respeto por la diversidad.
Mucho más que libros: aprender a aprender en la era digital
En esta sociedad del siglo XXI con pantallas y contenidos por doquier, la biblioteca escolar es más necesaria aún. No es solo un espacio de lectura, sino también de aprendizaje para buscar, juzgar y aprovechar el dato. Aquí se pueden impartir competencias informacionales y de medios desde los inicios de la infancia.
Además, muchas de las bibliotecas de un centro se han convertido en centros de recursos innovadores. Introducen tecnología, áreas de creación, laboratorios de investigación, estudios de radio, impresoras 3D… Resultan ser lugares con vida, con los intereses del profesorado y alumnos conectados y ajustados a los nuevos tiempos.
Todo esto solo es posible si hay un sólido proyecto pedagógico, apoyo institucional y personas al frente con formación, tiempo y medios para dinamizarlo.
Hacia una renovación: ideas y soluciones
La novedad es que se pueden revivir las bibliotecas de los centros educativos. Aquí dejamos algunas ideas concretas:
Plan nacional de bibliotecas escolares: es necesario un programa nacional coordinado con las comunidades autónomas con objetivos específicos, financiamiento asegurado y seguimiento.
Inversión estable: deben asignarse partidas específicas con el fin de renovar fondos, refinar espacios, introducir tecnología y mantener recursos actualizados.
Personal capacitado: avanzar hacia el puesto de bibliotecario profesional escolar o, alternativamente, reconocer tiempo específico en el horario del profesorado para la gestión bibliotecaria, con formación y acompañamiento.
Integración curricular: los servicios de biblioteca deben estar incluidos en proyectos y programaciones de aula. No deben ser un complemento, sino parte esencial del núcleo pedagógico del centro.
Redes de cooperación: estimular redes de bibliotecas escolares a nivel nacional y local y cooperar estrechamente con las bibliotecas públicas.
Innovación pedagógica: transformar las bibliotecas en centros de recursos del siglo XXI que integren lectura, tecnología, investigación, creatividad y participación.
Sensibilización social: hacer visible el beneficio del servicio de bibliotecas escolares tanto a los profesores como a la sociedad en general. Las familias también deben reclamar este derecho.
Urgencia y esperanza
El estado de las bibliotecas escolares en España es preocupante, pero no irreversible. Las nuevas ideas y proyectos piloto diarios nos muestran claramente que el cambio es factible. Pero para que sea más que un azar o un voluntariado, es necesario que las políticas públicas se tomen en serio su papel.
Una escuela sin biblioteca es una escuela incompleta. Una escuela con una biblioteca viva es una escuela que educa con mayúsculas. Si deseamos un sistema de educación que produzca lectores críticos, ciudadanos libres y seres creativos, no podemos darnos el lujo de seguir olvidándonos de la biblioteca en el aula.
Enrique Navas Benito / Academia Auxiliar de Biblioteca

