bibliotecario

Vivimos en un mundo proclive a poner etiquetas. Denominaciones claras y precisas para una mayor comodidad lingüística e incluso vital. Ocurre de manera significativa en el ámbito sanitario, sobre todo con las enfermedades mentales (ese cajón desastre donde es necesario nombrar y etiquetar situaciones o enfermedades que se cruzan y confunden); y sucede también en el mundo profesional de manera general…

Cualquier persona sufrirá una gran crisis de identidad profesional cuando la labor que desempeña no tiene una designación precisa y absolutamente clara que la designe. Pero ocurre que hay oficios difusos, por así decirlo, profesiones que no pueden explicarse o denominarse con tan solo un término, porque son una especie de híbrido de otras muchas o, lo que es mejor decir, se componen de una mezcla de competencias o una transversalidad de estas para poder llevar a cabo un trabajo consistente o compuesto por múltiples tareas.

El bibliotecario, académicamente hablando, ya no existe desde hace años. Antes- todos somos sabedores de ello- el sistema educativo en nuestro país ponía a disposición del bibliotecario de vocación una diplomatura en “Biblioteconomía (¡sí!) y Documentación”, pero con la llegada a España del actual Espacio Europeo de Educación Superior, todos suponemos que la carrera que alguien ha de estudiar, o el Grado, en este caso, si quiere trabajar en una biblioteca sin más pretensiones, es el de Información y Documentación; pero entonces, conceptualmente hablando, la persona que curse estos estudios no será en ninguno de los casos un bibliotecario, sino un profesional de la Información y la Documentación (adquiriremos destrezas para trabajar en una biblioteca, eso sí, pero nada más, y no todas las que hacen falta. Es el Grado en este sentido pobre y demasiado generalista y dedicado a la tecnología). Esa denominación general, pero tan necesaria, engloba a diferentes profesiones que quizás sufran del mismo mal que aqueja a la Biblioteconomía; en realidad, siendo prácticos, sería justo y realista decir que, con excepción de cursos privados o títulos de posgrado especializados, la carrera existente nombrada anteriormente no formará a bibliotecarios como tal, solo les dará (solo les da) una base más o menos consistente del mundo anteriormente mencionado de la I y D.

Varias profesiones en una

Por otro lado, siguiendo las siempre sabias palabras del compañero Julián Marquina, «otra de las causas de la crisis de identidad del bibliotecario actual es la diversidad -no ya de competencias- sino de profesiones en sí mismas que debe ejecutar en su día a día: Psicólogo, Maestro, Community Manager, etc.» Este se ve inmerso en un marco teórico ciertamente caótico, lo cual es notable en las denominaciones de las relaciones de puestos de trabajo de los organismos; nomenclaturas en oposiciones a biblioteca; e incluso en el voluntarioso y cargado de buenas intenciones, pero finalmente inútil (entiéndase inútil como poco aplicado), listado de perfiles profesionales publicado por el Grupo de Trabajo de Perfiles Profesionales del Consejo de Cooperación Bibliotecaria en su último Informe “Perfiles profesionales del Sistema Bibliotecario Español: fichas de caracterización”, coordinado por Carlos Miguel Tejada y Belén Martínez y actualizado en 2019 (2ª edición).

bibliotecario 2

Por eso, creo que para saber  qué es un bibliotecario en la actualidad, a qué se dedica, podríamos hacer caso omiso de las infinitas dudas de los protobibliotecarios y bibliotecarios actuales y aludir o referenciar al hace poco fallecido y siempre atemporal  Manuel Carrión Gútiez. Carrión afirmaba que ser bibliotecario es “hacer que una biblioteca sea una biblioteca”: solo eso, sin más. Quizás en lo más sencillo esté la verdad; por lo tanto, cuando sintamos pulular alrededor nuestro ese caos de nomenclaturas, funciones, competencias, perfiles, etc. sería aconsejable hacer caso a las palabras de Carrión y considerar que un bibliotecario es simplemente aquel profesional que hace que una biblioteca funcione correctamente. El concepto de biblioteca queda, por tanto, como epicentro de todo, pero habrá muchos más artículos para poder hablar de ello. El caso es que toda esta deshinibición a nivel conceptual y verdadera crisis de identidad consigue que uno se plantee si es necesario volver a nuestros orígenes y así lo deja patente Evelio Martínez en su artículo para el Blog Biblogtecarios: «La crisis de identidad del bibliotecario: ¿es posible volver al origen?».  Ahí queda eso.

Enrique Navas Benito / Academia Auxiliar de Biblioteca

academia auxiliar de biblioteca

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